«No respondas al teléfono»

Probablemente no vamos a encontrar a  ningún crítico de cine que nos diga que «No respondas al teléfono» es una obra maestra del cine de suspense. Ese galardón se otorga a muy  pocas películas y, en realidad, la primera y última  obra cinematográfica de Robert Hammer, tampoco lo merece. Sin embargo, y más allá de que nos haya llamado la atención por el protagonismo de los teléfonos en la trama – ya sabéis, en Mas IP nos dedicamos a la telefonía IP – la peli  soporta el paso de los años por lo menos para aquellos que no acostumbren única  y exclusivamente a consumir lo último en cartelera del cine más comercial.

Porque, aunque no podamos hablar de obra maestra, sí podríamos decir que con «No respondas al teléfono» estamos ante uno de esos clásicos del “thriller de psicópatas” que proliferaron en las pantallas de todo el mundo a finales de los 70 y principios de los 80 hasta casi convertirse en un subgénero.

No hay nada en ella especialmente cuidado. Si acaso el trabajo de Nicholas Worth en el papel de asesino en serie tiene para algunos críticos un merecido protagonismo en lo positivo de este largometraje. Para ser sinceros, podríamos calificar de soberbia su actuación si tenemos en cuenta que consigue hacernos creer que es un tipo loco y malísimo con la pinta de bonachón que tiene el bueno de Worth. Desde luego no le sucede como a Jack Nicholson que ya sabemos que es el malo – y además nos lo creemos y nos asusta –  sólo con sonreír a la cámara y arquear las cejas pero, a pesar de su aspecto de levantador de pesas venido a menos, Worth consigue que  lleguemos a  meternos en las escenas de suspense e incluso de acción en «No respondas al teléfono».

El argumento de «No respondas al teléfono» no sorprendió a nadie cuando se estrenó en los 80 y no lo va a hacer ahora y repite la trama del asesino en serie traumatizado en la guerra de Vietnam  que traduce su misoginia en la búsqueda sistemática de bellas mujeres a las que persigue hasta dar muerte e incluso tortura.

En este caso, la tensión trata de ponerla el sonido irritante y machacón de los teléfonos de la época – en los que no saltaba el contestador automático ni el buzón de voz – y que sirve al asesino para saber si la víctima anda por casa. De ahí el título de la peli “No contestes al teléfono”.

Como contrapunto a nuestro asesino, una atractiva psiquiatra a la que Raymond (Nicholas Worth) pone el ojo y con la que sufriremos a lo largo y ancho de los 85 minutos que dura la película.

Viéndola ahora, incluso las versiones que no sufrieron la censura, con el paso del tiempo y acostumbrados al porno y a los contenidos de violencia explícita, nos parecerá una película apta para  todos los públicos, pero en su momento fue el centro de una importante polémica debido a su excesiva muestra de violencia sexual y contundente misoginia.

Más allá de formar parte de ese grupo de películas que casi todos los que nacieron en los 70 tienen de algún modo en el subconsciente, «No respondas al teléfono» es de esos films que, sin tener nada brillante, no nos va a molestar ver. Incluso a una de las víctimas se la ve respirar después de muerta, pero si la abordamos con cierta ternura y sin prejuicios, seguro que pasamos una rato divertido porque, aunque no nos va a dejar pegados al asiento, como suene el teléfono durante la peli, un susto nos llevamos. Fijo.

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