Seguridad en dispositivos IoT una asignatura pendiente

En la actualidad, la “invasión” de dispositivos móviles es imparable. De hecho, se calcula que en el 2020 habrá 2,5 mil millones de personas conectadas en las redes sociales y a través de apps, y que estarán utilizando o tendrán acceso a 50 mil millones de cosas conectadas. Lo que está claro es que 2019 está siendo el año del internet de las cosas (IoT), un panorama marcado por una hiperconectividad que generará billones de dólares de ganancias en los mercados mundiales.

IoT ha permitido abrir la puerta a nuevas e interesantes oportunidades de negocio, ayudando a las empresas a beneficiarse de nuevos flujos de ingresos desarrollados por modelos y servicios de negocios avanzados. Las innovaciones impulsadas por esta tendencia reducen el tiempo de gestión de tareas y aumentan el retorno de las inversiones, y es ahí donde IoT tiene el gran potencial de transformar la manera en que los consumidores y las compañías se acercan.

De hecho, el Internet de las cosas permite una gran variedad de aplicaciones y dispositivos individuales, por lo que los arquitectos de redes deben prestar atención a una amplia combinación de variables de comunicación, potencia, ancho de banda, fiabilidad, coste y más.

Este despliegue ha causado que los dispositivos de IoT supongan a día de hoy un nuevo reto para los administradores de TI, ya que sus requisitos de comunicación pueden ser muy diferentes de los de las PC, tabletas y teléfonos inteligentes típicos actualmente conectados a redes corporativas.

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Entre las ventajas que este tipo de dispositivo ofrece a las empresas, cabe destacar las siguientes:

Pero como tecnología emergente, IoT presenta un inconveniente: la seguridad. Los ordenadores portátiles o los tablets de las empresas comparten red con estos dispositivos, muchos de los cuales se conectan sin ningún tipo de control por parte de la organización, ya que puede ni siquiera conocer su existencia.

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Peligros del IoT

El aumento de la presencia de estos dispositivos no autorizados que se agregan a las redes de las organizaciones, pone en gran peligro a empresas, a sus usuarios y a sus clientes, ya que muchos presentan unos niveles de seguridad muy bajos.

Una encuesta mundial de Forrester concluyó que el 47 % de las compañías que utilizan Internet de las Cosas en sus negocios experimentaron problemas de seguridad. Concretamente, en sus aplicaciones empresariales. Entre las debilidades que se encontraron, las principales fueron estas: el 80 % de los equipos usa una contraseña simple, el 70 % de la comunicación no está cifrada y que el 90 % de las actualizaciones de firmware no realiza de forma eficaz verificaciones de firmas.

Estos datos ponen de manifiesto que los dispositivos IoT que no están respaldados por unas medidas de seguridad eficientes presentan un importante punto de entrada para los ciberdelincuentes en la red y suponen un grave riesgo de seguridad para las compañías.

Y lo cierto es que hay muchas maneras en que un atacante puede tener acceso a los datos. Los principales puntos de ataque en las capas del IoT son: los dispositivos, la red, las conexiones y la infraestructura de cloud.

Precisamente, la nube es uno de los entornos donde este peligro es mayor, y de hecho, algunas de las principales formas de amenaza provienen del entorno de la empresa y de la nube a la que están conectados los dispositivos inteligentes.

Medidas de Seguridad esenciales

A pesar de estas amenazas, lo que está claro es que el Internet de las Cosas abre un panorama lleno de oportunidades empresariales y de ventajas para los negocios, sean de tipo de sean. Por lo tanto, sería absurdo no aprovechar el potencial que ofrece esta tecnología emergente.

Así, el objetivo no es dejar de utilizarlos, si no hacerlo con la confianza de que los dispositivos conectados y los datos que generan solo sean accesibles para personas y máquinas autorizadas. Es decir, implementar soluciones del IoT de manera efectiva significa desplegarlas de un modo seguro.

Para ello, las empresas deben apostar de inmediato por incluir en sus estrategias herramientas avanzadas para protección de la integridad y la confidencialidad de sus datos, que sean capaces de garantizar que las infraestructuras del IoT tengan la capacidad de resistir todos los riesgos que plantea la ciberseguridad.

Los pilares sobre los que se deben asentar los datos del IoT y los equipos conectados son:

  • Soluciones de hardware y software integradas en los dispositivos
  • Protección IP
  • Herramientas para el cifrado de datos
  • Seguridad avanza en la nube mediante licencias y derechos de acceso

 

Todos estos esfuerzos no tendrían ningún sentido si no cuentan con el respaldo de los fabricantes de este tipo de dispositivos. Por ello, no solo son las empresas las que tienen que apostar por herramientas que protejan eficazmente todos sus datos, sino que los proveedores de IoT también tienen la responsabilidad de fortalecer la seguridad de sus dispositivos.

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